Primo giorno in Italia / Primer día en Italia

Il primo giorno in Italia, ovvero sabato 15. Avendo lasciato le tende aperte, alle cinque e mezza sono stato svegliato dalla luce e dal canto degli uccelli. Siamo praticamente in mezza campagna ai bordi di un boschetto.

Alla fine mi decido ad alzarmi e esco. Davanti a casa lo spiazzo pavimentato in pietra con davanti un grande prato con tigli ed ulivi mi ispira alla pratica del Tai Chi, dopo un’oretta rientro al calduccio e prepariamo la colazione avendo portato da Melenara biscotti e caffè (ok è solubile, ma per emergenza va bene).

La casa è un po sottosopra, sembra siano esplose le valigie. Le gatte sono ancora in esplorazione, annusando con cura tutto. La giornata inizia con un bel sole e allora ne approfittiamo per una passeggiata in paese per acquistare un po di cibo e guardarci attorno. Tornati a casa decidiamo di far provare alle gatte l’ebbrezza di camminare su un prato vero tra glia alberi. Guinzaglio alla mano le portiamo fuori. La Mady da buona esploratrice non si fa pregare ed inizia a gironzolare non disturbata dalla rugiada ancora presente. La Miri invece più attenta e riflessiva procede a piccoli passi, sedendosi ad ammirare il panorama ed annusando in qua e la.

Il resto della giornata è passato prendendo confidenza con la casa, sistemando cose e tentando di comunicare con i telefoni. Siamo in una zona dove dire che c’è poca copertura è ottimismo. Sembra di essere nuovamente negli anni ’90 quando per trovare “campo” giravi con il telefono per casa come un rabdomante o ti mettevi vicino alle finestre controllando le tacche del segnale. D’altronde stando in una vallata e in un piccolo paese non c’e da meravigliarsi ma abituato com’ero in Gran Canaria sembra di essere in un paese del terzo mondo… siamo nel 2021 cazzo e in un paese che fa parte del G8 !!!

Meglio dormirci su dopo una cena a base di pinzimonio con olio e verdure prodotti in paese e Parmigiano Reggiano 30 mesi. 

La riscoperta di sapori stupendi …

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El primer día en Italia, el sábado 15. Habiendo dejado las cortinas abiertas, a las cinco y media me desperté de la luz y del canto de los pájaros. Estamos en medio del campo en un bosque.
Al final me levanto y salgo. Frente a la casa, el terreno pavimentado de piedra con un gran prado con tilos y olivos me inspira a la práctica del Tai Chi. Después de una hora preparamos el desayuno habiendo traído de Melenara galletas y café (ok es soluble, pero por emergencia está bien).

La casa está un poco revuelta, parece que las maletas han explotado. Las gatas todavía están explorando, oliendo con cuidado todo. El día comienza con un hermoso sol y entonces aprovechamos para dar un paseo por el pueblo para comprar un poco de comida y ver el pueblo. Al volver a casa decidimos hacer que los gatos prueben la embriaguez de caminar sobre un césped real entre los árboles. Correa a la mano los llevamos fuera. La Mady de buena exploradora no se hace rezar y empieza a deambular no molestada por el rocío aún presente. La Miri, en cambio, más atenta y reflexiva avanza a pequeños pasos, sentándose a admirar el panorama y olfateando por aquí y por allá.

El resto del día pasó familiarizado con la casa, arreglando cosas y tratando de comunicarse con los teléfonos. Estamos en una zona donde decir que hay poca cobertura es optimismo. Es como estar de nuevo en los años 90 cuando para encontrar “el señal” te movías con el teléfono por casa como un rabdomante o te ponías cerca de las ventanas comprobando las marcas de la señal. Por otra parte, estando en un valle y en un pueblo pequeño, no es de extrañar, pero acostumbrado como estaba en Gran Canaria parece estar en un país del tercer mundo… ¡Estamos en 2021 y en un país del G8!

Mejor dormir después de una cena con aceite y verduras producidas en el pueblo y Parmigiano Reggiano 30 meses. Los antiguos sabores…